Para que un humorista tenga éxito tiene que tener una plasticidad
particular. Me refiero a la forma de hablar y moverse, claro, pero sobre
todo de su complexión, sus rasgos, su voz. Este es un hecho que los
humoristas de éxito no suelen reconocer de buen grado, ya que de alguna
manera desmerece su talento. Porque no tiene ningún mérito nacer con la
cara de Seinfeld. Todo lo más, el mérito sería de los padres, siempre y
cuando se hubieren apareado con la intención expresa de dar a luz a un
sujeto de facciones ridículas.
No lo reconocen
de buen grado porque, además, el nivel de las cosas palpables (y una
cara es desde luego palpable) va necesariamente asociado a los aspectos
más chuscos y groseros del humor. A sus formas menores. El humorista de
éxito suele encontrar estas manifestaciones humorísticas deprimentes. No
es raro que el humorista de éxito, en su vida personal, sea una
criatura triste, atemorizada y frágil.
El propio Seinfeld,
en uno de los episodios de su exitosa serie, se burla de forma velada de
otro cómico que basa gran parte de su rutina en la imitación de
diferentes voces. De nuevo lo chusco y lo grosero, de nuevo la mueca. La mueca
es, sin duda, la forma más baja del humor. Es un humor simiesco ¡así de
bajo! Y la imitación de voces no es más que la mueca de la voz, si bien
su naturaleza intangible la sitúa un peldaño por encima de la mueca
facial. Pero a su vez, el humor inteligente que debe practicar el
humorista de éxito no es más que una mueca de concepto. Una torsión o
cabriola del sentido.
Es por ello que el humorista de éxito
no debe renegar de la mueca. Ni siquiera de la mueca física. El
humorista de éxito necesita una
presencia que le cualifique para el éxito, sea la combinación de rostro,
voz y gestos, o una apariencia desastrada, o la propia cara de
Seinfeld. La auténtica y genuina cara de Seinfeld, arrancada de su
cráneo
original, curtida y trabajada de una forma que pueda conservarse
elástica y suave a lo largo del tiempo, una forma que acaba otorgándole
una textura más parecida a la de una toalla que a la de la piel humana.
La cara de Seinfeld, colgando textil de la barra de aluminio del cuarto
de baño. La cara de Seinfeld, restregada cada mañana contra el rostro
recién afeitado del humorista. Contagiándose por unas horas del aroma de
su crema after-shave. El aroma del éxito.
10 de junio, 2013